Un año más, en el marco del Día internacional por la Eliminación de la Violencia hacia las Mujeres, se hace necesario pararnos a reflexionar sobre como poder erradicar esta barbarie, que atenta contra los derechos humanos más básicos.

Desde Coalición por Aranjuez, queremos este año poner especial énfasis en las personas jóvenes y en la importancia de situarnos al margen de conductas negacionistas, denunciándolas y rechazándolas con contundencia.

Según datos del Barómetro Juventud y Género 2023, elaborado por el Centro Reina Sofía de Fad Juventud y financiado por la delegación del Gobierno contra la Violencia de Género del Ministerio de Igualdad, el 87% de nuestros jóvenes dicen haber visto u oído alguna situación de violencia de control, violencia física, violencia psicológica o violencia sexual, en su entorno cercano. Solo un 13% de jóvenes no reconoce alguno de estos tipos en su círculo cercano, porcentaje que se reduce al 8% en el caso de las mujeres (frente al 19% de los hombres). 

A pesar de que existe una sensibilidad mayor a las situaciones concretas de violencia cotidiana (de control, física, psicológica, sexual…), hay un 23,1% de chicos jóvenes que cree que la violencia de género “no existe o es un invento ideológico”, cuando en 2019 esta afirmación era secundada por un 12% de los chicos. En el caso de las chicas, lo afirma en la actualidad un 13,2% de ellas, mientras que en el 2019 eran el 5,7%. 

La violencia de control engloba los principales tipos de violencia reconocida de chicos sobre chicas. “Revisar el móvil” de la chica sigue siendo el acto más evidenciado: así lo identifica el 45% de jóvenes (54% entre las mujeres y el 35% de los hombres). 

Los ataques verbales y la minusvaloración (violencia psicológica) también son reconocidos con frecuencia. “Insultar y humillar”, “hacer sentir miedo”, “decir que no vale nada” se trata de acciones presenciadas o conocidas por un 32,6%, un 29,2% y un 28,7%, respectivamente. Siempre siendo más sensibles las chicas a este tipo de situaciones que ellos. 

El acoso sexual, en todas sus formas: bromas sexuales, comentarios sexuales obscenos, preguntas o comentarios sobre fantasías, foras denigrantes y obscenas, difusión de rumores, comunicaciones (llamadas, correos) de contenido sexual ofensivo, comportamientos que buscan la vejación o humillación por la condición sexual, invitaciones o presiones para concertar citas, contacto físico deliberado, arrinconar o buscar quedarse a solas, tocar intencionadamente, bromas y comentarios sobre tareas, el humor sexista, ridiculizar capacidades, habilidades y potencial intelectual de las mujeres, evaluar trabajos con menosprecio en función del sexo o inclinación sexual, asignar tareas o trabajos por debajo de la capacidad profesional o competencias de la persona, trato desfavorable por razón de embarazo o maternidad; son más habituales en el trabajo, de lo que podríamos imaginar.

Los ejemplos de violencia sexual, como la insistencia para mantener relaciones sexuales cuando la otra persona no quiere, reconocidas por el 27% de jóvenes (37% de las mujeres, 17% de los hombres) o los casos en los que se difunden sin permiso mensajes, insultos o imágenes, reconocidas por el 22% (27% de mujeres, 17% de hombres) completan la batería de tipos de acciones que perciben las chicas y los chicos como violencia cotidiana en su círculo cercano. 

Es muy importante que nuestros niños y niñas y nuestros jóvenes identifiquen esas violencias para pasar a rechazarlas. Es indispensable que se destapen y se vean todas las violencias que a diario sufrimos las mujeres. Nuestra sociedad debe tener conocimiento y saber distinguirlas para poder empezar realmente a cambiar estos comportamientos machistas que nos hacen más difícil el día d día a las mujeres.

Debemos esforzarnos en concienciar a la sociedad respecto a que la violencia contra las mujeres y las niñas es todo acto de violencia basado en el género que tenga o pueda tener como resultado un daño o sufrimiento físico, sexual o mental para la mujer, así como las amenazas de tales actos, la coacción o la privación arbitraria de la libertad, tanto si se producen en la vida pública como en la vida privada. La violencia contra las mujeres y niñas abarca, con carácter no limitativo, la violencia física, sexual y psicológica que se produce en el seno de la familia o de la comunidad, así como la perpetrada o tolerada por el Estado.

En nuestro país, en los últimos años, se han dado grandes pasos legislativos en esta materia.  La Ley de Salud Sexual y Reproductiva y de Interrupción Voluntaria del Embarazo, modificada posteriormente por la ley de Garantía Integral de la Libertad Sexual, la Ley de Protección Integral a la Infancia y la Adolescencia frente a la Violencia, la ley Integral para la Igualdad de Trato y la no Discriminación, la ley para la  Igualdad Real y Efectiva de las personas Trans y para la garantía de los derechos de las personas LGTBI y Ley Orgánica de Garantía Integral de la Libertad Sexual, que aborda de manera integral la violencia sexual incluyendo la prevención, atención y protección a las víctimas y pone en el centro el consentimiento, tal como recomienda el Convenio de Estambul.

Pero aún, con todo ello, queda mucho camino por recorrer como lo evidencian las horribles cifras con las que nos encontramos día a día. No solo basta legislar, ninguna ley o normativa es suficiente si no va acompañada de un verdadero compromiso de las administraciones para ponerlas en práctica y por tanto, inevitablemente también, de presupuesto destinado a ello.

Por todo ello, desde Coalición por Aranjuez, haciéndonos eco de lo planteado por parte de organismos como Amnistía Internacional o la propia ONU, en esta materia, queremos insistir en la importancia de:

  • Hacer una evaluación de todas las medidas establecidas en la Ley Integral de Violencia contra las Mujeres, especialmente en relación con el funcionamiento de los juzgados especializados de violencia de género.
  • Asegurar que en dicha evaluación hay una participación activa de las víctimas supervivientes y sus familiares para conocer los obstáculos a los que se enfrentan y adoptar medidas adecuadas para atender sus necesidades. 
  • Asegurar que las medidas establecidas en la Ley Orgánica de Garantía Integral de la Libertad Sexual se cumplen, particularmente la creación de los centros de crisis en todas las provincias, la especialización profesional en los sectores implicados, contar con datos estadísticos para poder evaluar.
  • Implementar la educación afectivo sexual en los centros educativospara hacer frente a los estereotipos de género y a la banalización de la violencia de género que se extiende por las redes sociales y a la que acceden fácilmente las chicas y chicos a edades cada vez más tempranas. Trabajar con ello por cambiar el imaginario colectivo y transformar la cultura de la violencia, con formación inicial, continuada y de calidad del profesorado y de todos los agentes que intervienen en el ámbito educativo.
  • Garantizar que las mujeres víctimas de violencia de género y de violencia sexual, ya sea cometida por pareja o expareja o por terceros, tienen todos sus derechos garantizados y recursos disponibles para su protección, entre ellos el acceso a la asistencia jurídica gratuita.
     
  • Garantizar el derecho a una verdadera reparación de las víctimas, que incluya la no repetición de los abusos. 
  • Destinar desde el Ministerio de Igualdad más fondos para cumplir con todos estos objetivos, exigiendo por ley a todas las administraciones, autonómicas y locales, la evaluación permanente  de los avances o retrocesos en los mismos y la dedicación finalista de los fondos que reciben en esta materia.

por CPA

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